...a través de Bertha Dudde - 11.05.1960
BD 7598 Examen de los bienes espirituales … Transmisión de la Palabra …

Solo lo que proviene de Mí podéis aceptar como verdad. Por lo tanto, debéis examinar el origen de cualquier bien espiritual que se os presente como verdad. Podréis hacerlo si os esforzáis seriamente por discernir la verdad del error y si buscáis la iluminación del Espíritu, para que vosotros mismos os mováis en el pensamiento correcto y, por consiguiente, juzgáis correctamente. Y en su mayoría encontraréis que se trata de un bien espiritual transmitido de ser humano a ser humano, cuyo origen ya no podréis determinar. Entonces haríais bien en investigar hasta qué punto dicho bien espiritual se corresponde a la Palabra que Yo os he transmitido desde lo alto …

La verdad tiene que surgir de Mí para poder considerada como tal. Y Mi Palabra pura siempre ha sido transmitida a la Tierra desde Mi parte … Por lo tanto, esto debe poder compararse y concordar con el bien espiritual que se os ofrece desde fuera. Entonces reconoceréis por vosotros mismos hasta qué punto se os ha ofrecido la verdad. Pero nunca debéis aceptar nada sin examinarlo, y si ya no podéis determinar su origen, tened cuidado al aceptarlo, pues solo la verdad pura os trae un beneficio espiritual, mientras que el error o la mentira significan un peligro para vuestras almas.

Este examen, sin embargo, suele descuidarse … y por eso se ha introducido tanto error en Mi Evangelio, que ya no es la Enseñanza pura tal como Yo la proclamé en la Tierra. Se han hecho muchos cambios, y los seres humanos ya no saben distinguir entre la verdad pura de Mí y los adornos añadidos por los humanos, y lo presentan todo como “palabra divina”. Pero si “Mi Palabra” ha de perdurar por toda la eternidad, debo traerla continuamente de nuevo a la Tierra, porque los seres humanos imperfectos no conservan nada puro, sino que en su imperfección distorsionan incluso lo más perfecto. Mi Palabra … y por lo tanto, tengo que asegurar continuamente que Mi Palabra pura sea transmitida a los seres humanos, para que Mi Palabra se cumpla: “el Cielo y la Tierra pasarán, pero Mi Palabra perdurará por toda la eternidad …”

Y vosotros, los seres humanos deberíais hacer vuestra parte; debéis querer que Yo os ofrezca la verdad, vosotros mismos debéis prestar atención lo que se os ofrece de bienes espirituales desde fuera, debéis prestar atención al origen y desear que Dios Mismo Se dirige a vosotros … Y yo lo haré despertando vuestro espíritu para que podáis reconocer con claridad dónde se ha infiltrado el error y rechazarlo como tal. Vosotros sois capaces de esto si tan solo estáis dispuestos a recibir la verdad y os unís íntimamente a Mí y Me pedía que Yo os la conceda. Entonces vuestro espíritu despertará y podréis distinguir con exactitud entre la verdad y el error, y podréis obtener para vuestra alma un bien espiritual que solo la verdad puede otorgar.

Y nunca tendréis que temer ser incapaces de discernir por vosotros mismos qué es verdad y qué es error. Vuestra voluntad y vuestro deseo y anhelo por la verdad os la garantizan, porque Yo Mismo no quiero que caigáis en el error, que la verdad os sea ocultada por Mi adversario y sus representantes en la Tierra. Por lo tanto, ayudaré a los Míos a encontrar la verdad, pero vosotros mismos debéis desear permanecer a los que son Míos, es decir, esforzaros por la verdad y, por ende, por Mí, Que soy la Verdad Eterna. Todo es tan sencillo y debería ser tan comprensible para vosotros, los humanos: Mi único deseo es que la verdad os sea accesible, así que hago todo lo posible para que la poseáis …

Y solo necesitáis querer moveros en la verdad, y vuestra voluntad se cumplirá. Sin embargo, jamás debéis aceptar sin examinar ninguna enseñanza espiritual que os traigan otros, pues solo un examen serio puede garantizaros la verdad; de lo contrario, seréis indiferentes y nunca podréis distinguir el error de la verdad por falta de voluntad seria para hacerlo. Podéis y recibiréis de Mí todo lo que deseéis, pero sin vuestro deseo, Me abstendré porque respeto vuestro libre albedrío, y porque ni siquiera Mi gracia puede obrar en contra de vuestra voluntad …

Amén